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Espacios sociales para una sana convivencia escolar

Espacios sociales para una sana convivencia escolar

Msc. José Efraín Quirós Moya

Director, Escuela Nicolás Chacón Vargas

Dado que   han incrementado los fenómenos de violencia o saltan más a la arena social de nuestra sociedad, se busca afirmar los valores fundamentales en la convivencia pacífica de un capital  humano  acorde con su momento histórico.

Estas realidades de nuestro espacio social presentan una extensión de negros nubarrones, que avizoran ilusiones y amedrentan bríos e ideas, en el sistema de enseñanza. ¿Qué vamos a hacer con  estas descendencias que parecen ser tragadas por los videojuegos e Internet, azotadas por la inercia, así como también, un desmesurado aumento del consumo y una ausencia de proyectos que vengan a paliar la violencia? ¿Cómo concebirlas y constituir para ellos (as) un proyecto educativo sostenible?

Ante este escenario, los desafíos que esbozan los sucesos contrarios que permitirían la sana convivencia y el aprendizaje, a quienes hoy enseñamos -los mismos que crecimos corriendo seguros por las vías de nuestro barrio- pueden ser la coyuntura de innovar fértiles aprendizajes sobre la naturaleza del desarrollo social, la cultura, el cohabitar con insumos y fortalezas, que poseemos los seres humanos, sin saberlo.

Para ello, ante una crisis, ¿es permisible continuar como si nada, desconociendo el impacto de muchos de los insólitos o bestiales casos en los que estamos educando? ¿Es viable guarecerse en "lo que anda bien", en actos litúrgicos vacíos, o sofocarse en infortunios? ¿De qué vale estancarse en el gemido y la imposibilidad, bajar los brazos para dimitir a educar? Porque, después de todo, germinan las dudas: ¿será para tanto?, ¿estaremos dramatizando la crisis? o... quizá sea un asunto de otros, o de algunos sectores sociales.

Efectivamente, la progresiva ola de violencia que surca los centros educativos suele encontrar a docentes, padres y directores (as) turbados y enclenques; como también, se hallan los estudiantes que naturalizan esa presencia y la aceptan como parte del juego.

De tal manera que, en muchos casos, la indagación de soluciones se estanca en réplicas y recetarios, así como las propuestas sustentadas por usanzas pedagógicas o "técnicas" empacadas y en serie, cuyo desengaño se acredita en "la finca de las desesperanzas" y los excluidos del sistema.

Los pocos logros obtenidos con estas habilidades, declaran la penuria de empotrar cambios más significativos y culturales,  a un grado menos global, más comunitario. De poco valen los
instrumentos o habilidades, sin una coherencia y un sentido sujetado a la cultura institucional, a una malla de relaciones, con su armazón de dogmas y convicciones, que dosifican los procesos de permutación de la vida cultural en los centros educativos.

Estas molestias que humedecen la vida social de nuestra sociedad, suelen desbordarse en los sujetos sociales más vulnerables, tal es el caso, nuestra niñez. La conflictividad, el caos o la anarquía que ha estallado o está oculta en muchas escuelas costarricenses, forman parte o por lo menos es interpretada en la lectura social de nuestras instituciones educativas, como un aviso, una llamada de atención, un signo visible, como a su vez, aunamos más a este caldo de cultivo, el fracaso académico, la deserción y la exclusión social, que conlleva al detrimento de un capital humano tardío.

La complejidad de este escenario social, lleno de tensiones, muestra su peor aspecto en la constante embestida mutua que experimentamos muchos de los que convivimos en un centro educativo, ante la incapacidad de vincularse, comunicarse y cooperar; de establecer lazos y compromisos con los demás; asociarse en proyectos comunes; manifestar afecto; expresar emociones y compartir con el colectivo institucional.

El hecho es que si los niños y niñas no aprenden lo que acontece en la escuela, como un cúmulo de experiencias y de competencias sociales, las cuales les permitan su integración a conservar su identidad dentro de la estructura social, poco podrán hacer cuando adquieran plenamente el rol de ciudadanos.

En ese sentido, son vitales las competencias sociales en el devenir histórico de su convivencia dentro y fuera de la escuela, con el objeto de formarse como ciudadanos y mejorar sus vínculos interpersonales. La escuela se ha convertido, para muchos de ellos, en el único espacio seguro, abierto de relaciones sociales cara a cara.

Es preciso que los escolares de todos los niveles tengan diversas oportunidades de aprender esas competencias: cooperar, liderar y convocar; advertir, identificar, interpretar, resolver y afrontar las tensiones sociales que viven; relacionarse, comunicarse y plantear de manera socialmente correcta sus discrepancias, porque no tienen muchas otras oportunidades o espacios para lograrlo.

Esta construcción social se manifiesta como una interrogante que golpea a los educadores: cómo organizar este paisaje (inquietante, confuso, hostil) en los centros de enseñanza, haciéndolo un sitio apacible para todos los que están citados. ¿Puede haber una escuela tranquila en un contexto que no lo es? Posiblemente algo menos que eso: sencillamente un espacio en el que se negocie una tregua y se eduque a pelear, no unos contra otros, sino todos contra las condiciones que nos imposibilitan el desarrollo.

Lo anterior, nos plantea las condiciones que nos permitan generar los espacios sociales para una sana convivencia escolar, pese a la complejidad del tejido social y la diversidad circunstancial, en las que se desarrolla su actividad, justamente por esa versatilidad que tienen los grupos humanos -familia, escuela- de crear microclimas o hábitats y campus de sana convivencia.

Para construir una convivencia sana, es básico partir de la aceptación de que el conflicto es ineludible, porque solo cuando se afrontan y aprovechan las tensiones y cotejos propios del convivir, es posible asentar procesos de construcción de una comunidad escolar pacífica.

El resultado de una cultura de paz, no es en ningún caso un fin en sí mismo, sino el restablecimiento de un estilo de relacionarse y compartir, simple para una organización que tiene una misión y objetivos propios.

En los centros educativos donde se niega, elimina u oculta la conflictividad, el clima es contrario, los sujetos se conciben entre sí como refractarios y experimentan la diversidad (de culturas, estilos de vida, perspectivas, metas, etc.) como ofensas, por ello, la paz se construye sobre el rito de la palabra.

Construir una cultura de paz en las escuelas, involucra estampar un cierto dinamismo a la vida social que acontece en ellas, con la finalidad de favorecer los procesos de enseñanza-aprendizaje (tanto los cognitivos como los sociales y afectivos).

En síntesis: convivir, aprender y educar para la paz, en contextos complejos, es el desafío que invita a pensar y a crear.

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En medio de las angustias y tristeza que las últimas semanas han provocado en nuestro sistema educativo, vale la pena repetirse una vez más la pregunta de ¿para qué educamos? Sin duda, antes que para ninguna otra cosa, debemos educar para la vida, para la convivencia; debemos educar para la ética y para el amor.

Educar para la ética, educar para el amor

Leonardo Garnier

Ministro de Educación Pública

Si bien hay que educar para las responsabilidades de la vida cotidiana, sabemos que eso no basta: debemos educar, sobre todo, para una vida buena y plena, una vida trascendente. Esto no es fácil en el mundo en que vivimos, un mundo incierto y cargado de temores, presiones y tentaciones que fácilmente nos empujan al egoísmo malsano, al engaño y la envidia; a la autocomplacencia, a buscar el éxito sin importar los medios y sin importar a quién lastimemos en el camino; en fin, un mundo en el que pareciera que todo se vale.

Frente a estos riesgos - lo hemos dicho muchas veces - debemos educar en la ética y en la estética, debemos educar para la convivencia. Nuestros jóvenes no pueden crecer sin criterios propios en un mundo en el que se diluyen el imperativo moral de luchar por aquello que es correcto o noble o el imperativo estético de expresarnos mediante creaciones artísticas que nos conmuevan.

Pero no es fácil educar en la ética. La ética no es algo que se pueda aprender como mera información, ni siquiera como conocimiento, sino como vivencia, como creencia, como convicción. No se aprende con discursos o sermones, sino mediante una metodología que enfrente a los muchachos con 'dilemas éticos' de todo tipo. La resolución de estos dilemas no puede ser antojadiza o casual, sino que debe incorporar la adquisición de conocimientos y la construcción de criterios éticos mediante procesos sistemáticos de investigación, reflexión y, sobre todo, deliberación.

Estos dilemas pueden encontrarse en cualquier lado: en los problemas que surgen diariamente en las aulas o los centros educativos; en la vida del barrio o la comunidad; en los periódicos o telenoticieros y, por supuesto, en el arte: ¿Quién mejor que Shakespeare para enfrentarnos con dramáticos dilemas éticos? ¿Cómo no angustiarse frente al Guernica? ¿Quién puede leer sin inmutarse Pedro y el Capitán, de Benedetti; o leer "Desgracia" de Coetzee sin sentir tirones en el alma? ¿Cómo no conmoverse con "Murámonos, Federico"?.

Hay prácticas que deben aprenderse y practicarse hasta que se vuelvan casi intuitivas: hacer lo correcto, hacer el bien, sentir en carne propia el dolor y la alegría ajenas, ser solidarios, disfrutar de la diversidad humana, en fin, ser buenos hermanos es algo que solo se aprende viviendo... y reflexionando sobre cómo vivimos. Pero cuidado, porque si algo es evidente para los estudiantes, es la falta de congruencia entre el discurso y la práctica: los jóvenes fácilmente detectan los "sepulcros blanqueados" que sientan cátedra moral en el aula mientras demuestran lo contrario con su vida y con sus hechos. Hay que predicar con el ejemplo y reflexionar sobre ello.

Finalmente, lo principal: entendamos que no se aprende a ser bueno por conveniencia ni por temor. La zanahoria y el garrote no son buenos instrumentos pedagógicos cuando se trata de sentimientos y valores, cuando se trata de construir criterios éticos, cuando se trata de aprender a hacer lo correcto. ¿Podemos aprender a ser buenos por la ambición del premio que nos espera... o por el miedo del castigo que nos impondrán si no lo somos? No, eso no funciona. Lamentablemente, muchos aún creen que sí... y así educan a nuestros jóvenes: pórtese bien y le doy una buena nota; pórtese mal y la boleta. Desde niños nos maleducan de esa forma: si te portás bien el Niño te traerá muchos regalos... si te portás mal te castigará dejándote sin nada. Así, muchos crecemos creyendo que hay que "ser buenos" porque finalmente eso nos traerá beneficios o premios... y que no hay que "ser malos" porque alguien se dará cuenta y nos castigará. Entendámoslo de una vez por todas: eso no es educación, es mero conductismo y su base no es la ética, ni la bondad, ni el amor, sino el egoísmo, la ambición y el miedo.

Queremos que nuestros jóvenes aprendan a ser buenos porque sí, que aprendan a hacer lo correcto porque sí: porque somos hermanos, porque somos humanos y, como tales, enormemente diversos pero intrínsecamente idénticos. Al convivir y descubrirse en los demás, nuestros jóvenes deben aprender a amar y a actuar en consecuencia. Amar sin condiciones, sin segundas intenciones, sin temores, sin esperar más recompensa que la satisfacción de sentir que se hizo lo correcto, la recompensa peculiar del amor que, como bien dijo San Pablo, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es maleducado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Para eso debemos educar, así debemos educar.

Saludos

Leonardo

Cultura de paz

Lic. Sergio León Barquero

Docente

De acuerdo con diversas fuentes de investigación, la cultura  de  paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones, teniendo en cuenta un punto muy importante que son los derechos humanos, así mismo respetándolos y teniéndolos en cuenta en esos tratados".   Visualizando la explicación brindada, cabe destacar entonces que, es una manera muy particular de vivir todos los seres humanos en este planeta, donde se hace necesario una convicción total de abandonar toda forma de violencia existente, y cambiarla por una gama de situaciones donde se exalte el valor de la persona, sus competencias, habilidades y deseos de tener una excelente calidad de vida.

En el concepto se encuentra explícito un término fundamental,  la paz, mismo que es simbolizado con una paloma portando en el pico una rama de olivo.

De tal manera que resulta fundamental,  recordar lo que con toda certeza afirma el Acta Constitutiva de la UNESCO: "Puesto que las guerras se originan en las mentes de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben construirse las defensas de la paz".

Lo anterior determina que la creatividad, la innovación y otras capacidades inherentes a la persona humana; siempre deben estar direccionadas al bienestar de la colectividad, sin caer por supuesto en los extremos que siempre resultan perjudiciales para el conglomerado "homo sapiens".

Para cumplir con lo dispuesto, las instituciones educativas (a manera de ejemplo) proporcionan a los participantes de condiciones óptimas (es lo pretendido) para que las actividades realizadas vayan impregnadas de comportamientos donde se promueva una cultura de la paz.


Cultura de paz

Nivel de Transición 2010

Para realizar actividades dirigidas a la no violencia y la paz a nivel de transición, es necesario realizar actividades lúdicas en las cuales los niños y las niñas de esa edad capten las ideas en forma de juego, en donde puedan comunicarse, expresar y sentir sus emociones por medio de la diversión, con manifestaciones de emociones como la risa, el grito y el llanto, cuyo objetivo principal sea que el niño y la niña identifique estos conceptos de violencia y de paz, por medio de diferentes actividades lúdicas para que interiorice mejor los temas.

El periodo ideal para la aplicación de estas actividades corresponde  entre los periodos de inicio y conversación,  donde los niños y las niñas tienen toda la disponibilidad de prestar atención, los cuales,  recordarán durante toda la jornada de trabajo,  la experiencia vivida con respecto a estos temas.

Durante los últimos meses se han desarrollado diferentes actividades con los estudiantes, actividades como tales; poesías, canciones y dinámicas.

A continuación un desglose de algunas de ellas:

-        LLUVIA DE IDEAS

Se realiza la lectura de la siguiente poesía, posteriormente los niños y las niñas realizan comentarios y expresan sus sentimientos.

Poesía

Los juguetes son para jugar a jugar
(de verdad)
no para jugar a matar
(de mentira)

Las pistolas (ni de agua),
el revólver (ni de broma),
la escopeta (ni tocarla).

Los juguetes para todo
y las armas para nada.
Gloria Fuertes


-        ¡¡DÁMELO!!

Edad: A partir de 3 años
Participantes: Toda la clase.
Material: Lámina con ilustración de niños en conflicto.
PROPÓSITO: Aprender a controlar los impulsos agresivos y adoptar buenas maneras.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD: La docente muestra una lámina que representa una situación conflictiva. Estimula para que describan primero qué creen que está sucediendo y luego, por orden, pueden participar dando ideas para tratar de resolver el conflicto.

Se debe orientar la conversación realizando preguntas acerca de la situación anterior al conflicto, la manifestación del mismo, las consecuencias de la actitud de los personajes y el tipo de solución que puede aplicarse para el bien de los dos niños.

EXPERIENCIA: Los niños y las niñas expresaron la manera que para ellos y ellas fuera la mejor solución para que los niños de la lámina resolvieran sus problemas, la mayoría expresó que lo mejor es ir a hablar con la maestra antes de llegar a los golpes.


 -        ME SACO LA RABIA.....

Edad: A partir de 3 años
Participantes: Toda la clase
Material: Globos inflados
PROPÓSITO: Aprender a descargar la agresividad sin dañar a los demás.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD: Se comenta con los niños y niñas qué tipo de situaciones los hacen poner enfadados para que expresen sus ideas al respecto y cuenten experiencias que han tenido cuando ellos han estado enfadados o alguien ha estado enfadado con ellos. Pedirles que cuenten cuáles han sido sus reacciones y que den su opinión sobre qué les parece su comportamiento: ¿Está bien o hubiera sido mejor reaccionar de otra manera?

Luego comentar que enfadarse es natural, que todo el mundo lo hace, pero hay que evitar hacer daño a los demás. Se les comenta también que muchas veces estamos enfadados y no sabemos por qué, y que eso también es natural.

La educadora les cuenta que para esos momentos de enfado, en la clase existe un lugar especial para “sacar la rabia” y les muestra los globos inflados que están especialmente puestos ahí para hacer lo que quieran con ellos.

EXPERIENCIA: Al mostrar los globos, los niños y las niñas se sintieron temerosos de tener la oportunidad de reventarlos cuando se sintieran enojados, ya que ellos y ellas comentaron que siempre se les regaña por demostrar ese estado de ánimo. Los niños(as) disfrutaron mucho de la actividad al sentirse libre de expresar sus emociones.

 -        NOS DAMOS UN SALUDO

Edad: A partir de 3 años
Participantes: Toda la clase
Materiales: Humano
PROPÓSITO: Aprender a expresar afecto a los demás y participar grupalmente.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Los niños(as) y la maestra sentados en círculo. La maestra comienza saludando al niño que tiene a su derecha, dándole su mano y diciendo “Buenos días.............. ¿cómo estás?

El niño responde cómo se siente. La maestra le da un beso, un abrazo, una caricia, una palmadita en la espalda, o una caricia suave, y le desea que pase un buen día.

El niño que acaba de ser saludado, hace lo mismo con su compañero o compañera de la derecha, y así hasta terminar la ronda.

EXPERIENCIA: Los niños y las niñas al inicio se sintieron con vergüenza y les causó mucha risa al tener que expresar un gesto de cariño hacia su compañero(a), al final manifestaron que la actividad es muy bonita y que se siente más lindo un saludo que un gesto de grosería.


-        RONDA DE CARICIAS

Edad: A partir de 3 años
Participantes: Toda la clase
Material: Humano
PROPÓSITO: Aprender a comunicar afecto a los demás.

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

Sentados en círculo con la educadora, se pide a los niños y niñas que piensen en algo bonito para decirle al compañero que tienen a su derecha: “una caricia de palabras”. Por ejemplo: un deseo, una cualidad que le gusta de él, etc.

Previamente, la docente habla de las caricias, para qué sirven, por qué se disfruta con ellas y explica que hay caricias que se pueden dar con palabras o con dibujos. La educadora comienza la ronda.

También se puede hacer con un dibujo que cada niño(a) realiza y se lo regala a su compañero(a) de al lado, expresando lo que el dibujo representa.

EXPERIENCIA: Al haber realizado la actividad anterior, los niños y las niñas se sintieron más seguros, sin embargo, algunos, los más tímidos sintieron vergüenza al expresar lo que sienten hacia uno de sus amiguitos, pero al utilizar el dibujo como fuente de expresión todos lo realizaron con entusiasmo expresando cariño por los otros.

                                                                



-        NOS DAMOS UN BESO

Edad: A partir de 3 años
Participantes: Toda la clase
Material: Humano
PRPOPÓSITO: La demostración de afecto

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD

La docente comenta sobre los diferentes tipos de besos: con ruido, silenciosos, delicados, fuertes, a distancia, etc. Cada niño(a) le da un beso a su compañero de al lado.

La docente comienza dando un beso al niño de su derecha diciendo: “Voy a dar un beso con ruido /silencioso /a distancia” …....

EXPERIENCIA: Esta actividad tuvo más polémica que las dos anteriores, ya que para ellos y ellas dar un beso a uno de sus compañeros(as) es sinónimo de burla ya que entre ellos y ellas se dicen que se gustan y son novios, les expliqué que así como demuestran cariño por medio de un beso hacia mi persona o ellas hacia sus padres, es normal que entre ellos se den besos y que al darlos se sienten bien ambas partes.


Al realizar este tipo de actividades, se genera un ambiente de paz y tranquilidad en el aula cuando se produce un hecho conflictivo, ellos y ellas mencionan con seguridad frases como “recuerde lo que la niña nos explicó de no pelear”, “es mejor ser amigos”, “hay que decirle a la niña para no pelear”, como experiencia personal, el hecho de realizar dinámicas enfocadas a la no violencia provoca conciencia entre los niños(as) de que es mejor resolver los problemas de la mejor manera posible.

Siliana Umaña Moraga

Licenciada en Educación Preescolar





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